La izquierda entra en guerra civil en Andalucía en su primer experimento por unir listas

Historia de Pedro González

La izquierda entra en guerra civil en Andalucía en su primer experimento por unir listas

El esperado reencuentro de la izquierda en Por Andalucía entre Podemos y el resto de fuerzas que componen la coalición (Izquierda Unida, Movimiento Sumar y otras cuatro formaciones minoritarias) ha comenzado con mal pie. Las elecciones son el próximo 17 de mayo y, mucho antes de que de comienzo la campaña, la pacificación entre las formaciones está lejos de materializarse. Podemos no está a gusto en su nuevo rol, que les deja sin sillones en la Cámara autonómica tras los comicios, lo que promete una verdadera batalla en este lado del espectro ideológico hasta las generales de 2027.

Según los términos del acuerdo, IU se ha alzado como la fuerza hegemónica de la formación. Ostenta la candidatura a la presidencia de la Junta con Antonio Maíllo y encabeza las listas en cinco de las ocho provincias: Sevilla, Málaga, Granada, Córdoba y Almería.

Podemos ha quedado relegado a liderar únicamente la circunscripción de Jaén, una plaza históricamente difícil para la izquierda alternativa, además de ocupar segundos puestos en Sevilla y Málaga. El experimento andaluz es un aviso para navegantes a nivel estatal y de su resultado puede depender una mayor fragmentación que dinamitaría definitivamente las bajas probabilidades de reeditar el gobierno actual.

Pablo Iglesias y la «generosidad» de Sumar

Desde Madrid, el fundador de Podemos, Pablo Iglesias, no ha tardado en actuar como altavoz del malestar que recorre las bases moradas, de las que nunca se fue. Ha cargado contra el acuerdo, calificándolo de «poco generoso», y vaticina un escenario complejo: Podemos podría quedarse sin un solo diputado en el nuevo Parlamento andaluz. El diseño de las listas les condena a la irrelevancia institucional en el sur, un territorio que llegó a ser clave para la organización, pero sin el arraigo del que goza IU, que cuenta con un importante poder municipal en la región.

Desde Madrid, el fundador de Podemos, Pablo Iglesias, no ha tardado en actuar como altavoz del malestar que recorre las bases moradas, de las que nunca se fue. Ha cargado contra el acuerdo, calificándolo de «poco generoso», y vaticina un escenario complejo: Podemos podría quedarse sin un solo diputado en el nuevo Parlamento andaluz. El diseño de las listas les condena a la irrelevancia institucional en el sur, un territorio que llegó a ser clave para la organización, pero sin el arraigo del que goza IU, que cuenta con un importante poder municipal en la región.

Para el exlíder de Podemos, el «idilio» entre socialistas e IU solo beneficia a terceras opciones como Adelante Andalucía, que podría capitalizar el voto del electorado más crítico que no se reconoce en la coalición. Especialmente por la supuesta cercanía entre Maíllo y la líder del PSOE-A, María Jesús Montero.

La incomodidad de Iglesias deviene de un pacto (cerrado «in extremis» el Viernes Santo) que les da poco protagonismo. El Equipo de Coordinación de la coalición se ha diseñado con un equilibrio precario: ocho miembros de IU y ocho de Podemos, con cinco para Sumar y tres para Iniciativa del Pueblo Andaluz. IU controla las plazas con más posibilidades de obtener escaño; Movimiento Sumar se ha reservado la «joya de la corona» en Cádiz para su coordinadora, Esperanza Gómez, dejando a figuras de Podemos como Juan Antonio Delgado en posiciones de riesgo.

También se abordan medidas para evitar que se repitan episodios del pasado. El documento intenta blindar la coalición ante posibles fugas o casos de transfuguismo, una precaución que denota la profunda desconfianza mutua. Se han establecido mayorías cualificadas del 75% para decisiones drásticas como la expulsión de una organización o la disolución de la alianza, y se ha creado un régimen sancionador para los cargos electos que se desvíen de la línea estratégica dictada por el equipo coordinador.

Esta distribución ha provocado un incendio en las redes sociales. La antigua secretaria general de Podemos en Andalucía, Martina Velarde, no ha dudado en señalar cómo no se refleja el peso real de su formación y ha advertido que, a partir de ahora, «cada palo aguante su vela«. Todos estos «sacrificios» políticos con los que ha tenido que tragar Podemos los han asumido sabiendo que el año que viene puede que la historia sea distinta. “En la política, muchas veces hay que hacer renuncias, hay que entregar una plaza para, después, decir ‘bueno, a ver la próxima que viene y en la que van a aparecer nuevos elementos’”, abundó en una entrevista para RNE.

Ello confirmaría que los morados no contarían con repetir en las generales junto a los socios del que llaman “gobierno de la guerra” y pasarían a ir en solitario o a la espera de lo que salga del segundo experimento: el del tándem Montero-Rufián. Este jueves, organizan un coloquio en Barcelona para profundizar en la reorganización de la izquierda que incomoda al PSOE.

En Madrid, las figuras ministeriales de Sumar han optado por un relato de «puertas abiertas» y responsabilidad institucional. El ministro de Cultura, Ernest Urtasun, y la ministra de Sanidad, Mónica García, han recordado con frialdad que fue Podemos quien decidió romper con el grupo parlamentario en el Congreso a finales de 2023. Para los dirigentes de Sumar, el hecho de que los morados se integren ahora en la lista andaluza es una rectificación necesaria, aunque subrayan que «quien no está es porque no quiso«.

Incluso la financiación de la campaña ha sido motivo de escrutinio, vinculando el reparto de las subvenciones electorales a la aportación económica previa de cada partido, un sistema que favorece a las estructuras más saneadas y con mayor implantación territorial, como es el caso de Izquierda Unida. La izquierda andaluza se presenta al 17 de mayo en una unidad puramente administrativa, pero con las facciones enfrentadas en una guerra abierta que amenaza con desmovilizar a un electorado fatigado por las cuotas, los vetos y las jerarquías.

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