Víctor Travezaño M (director de ( Cooperando)

A menos de cuatro meses de las elecciones presidenciales de 2026, el panorama político peruano vuelve a mostrar un rasgo ya conocido: fragmentación extrema, liderazgos personalistas y un electorado profundamente desconfiado. En este escenario, partidos como Renovación Popular, Fuerza Popular, Alianza para el Progreso y nuevas apuestas de centro buscan posicionarse en una carrera marcada más por el rechazo que por la adhesión.Renovación Popular: una base sólida, pero con techo electoral
Renovación Popular, liderado por Rafael López Aliaga, aparece como uno de los actores con mayor claridad discursiva. Su mensaje de orden, autoridad y conservadurismo conecta con un sector del electorado cansado de la inseguridad y el caos institucional, especialmente en Lima.
Sin embargo, esa misma firmeza ideológica genera un alto nivel de antivoto fuera de su núcleo duro. Aunque el partido tiene posibilidades reales de pasar a una eventual segunda vuelta, su principal desafío será ampliar su base y construir mayorías en un país social y territorialmente diverso.
Fuerza Popular: organización sin reconciliación ciudadana
Fuerza Popular sigue siendo el partido mejor estructurado del sistema político peruano. Cuenta con presencia nacional, disciplina interna y un electorado fiel que le permite competir con fuerza en primera vuelta.
No obstante, el fujimorismo arrastra un rechazo histórico persistente, asociado a su rol en anteriores crisis políticas y a la figura de Keiko Fujimori. Más que sumar nuevos votantes, su estrategia parece depender de la fragmentación de sus adversarios y del voto “en contra” de otras opciones.
Alianza para el Progreso: poder regional y pragmatismo
Alianza para el Progreso (APP), liderado por César Acuña, se consolida como un partido con fuerte arraigo regional, especialmente en el norte del país. Su discurso pragmático y su énfasis en la gestión le permiten mantenerse vigente en el Congreso y en gobiernos subnacionales.
Sin embargo, APP enfrenta dificultades para trasladar ese poder territorial al plano presidencial. Históricamente, su fortaleza no ha sido ganar la presidencia, sino convertirse en un actor clave para la gobernabilidad, capaz de inclinar alianzas y negociar apoyos.
El centro tecnocrático: el caso de Alfonso López Chau y Ahora Nación
En el espacio del centro político emerge la figura de Alfonso López Chau, desde el movimiento Ahora Nación. Su propuesta, basada en la reforma institucional, la educación y la modernización del Estado, apunta a un electorado urbano y de clase media que busca una alternativa racional frente al populismo.
El problema es estructural: baja visibilidad, escasa maquinaria partidaria y un discurso poco emocional en un país donde el voto suele responder más a la indignación que a los programas. Su impacto podría ser mayor en el debate público que en los resultados electorales.
Un tablero abierto y sin favoritos claros
A estos actores se suman una izquierda fragmentada, sin liderazgo unificado, y la siempre latente posibilidad de outsiders que capitalicen el malestar ciudadano. El resultado es un proceso electoral impredecible, donde ningún partido parece capaz de construir una mayoría clara desde la primera vuelta.
Más que una contienda ideológica, las elecciones de 2026 se perfilan como una disputa marcada por el rechazo, el miedo y la fatiga democrática. El desafío no será solo ganar, sino gobernar en un sistema político debilitado y con una ciudadanía que exige resultados inmediatos.