Los socialdemócratas frenan el avance de la ultraderecha en Rumanía

La formación más votada, según las primeras proyecciones ha sido el partido socialdemócrata (SDP), del primer ministro Marcel Ciolacu, con el 26% de los votos

Rumanía ha celebrado elecciones parlamentarias a la sombra de una primera ronda de presidenciales impugnadas por sospechas de fraude y en pleno auge de la extrema derecha. La formación más votada, según las primeras proyecciones ha sido el partido socialdemócrata (SDP), del primer ministro Marcel Ciolacu, con el 26% de los votos, seguido de la euroescéptica y conservadora Alianza para la Unión de los Rumanos (AUR), con el 19%. La opositora de centro derecha USR lograría un 15%. No hay mayoría. El próximo Ejecutivo volverá a ser, por tanto, una coalición de partidos.

Las elecciones en Rumanía han estado en el punto de mira tras la victoria -ahora por confirmar- del ultranacionalista y supuesto candidato prorruso Calin Georgescu, en la primera vuelta de las presidenciales, comicios que sacaron a la luz los cambios sociales que se han ido fraguando y metiendo deliberadamente bajo la alfombra en este país.

Parte de la culpa es la inacción del presidente, Klaus Iohannis, a pesar de que la constitución rumana le considera la voz más importante del país en el interior y un actor importante de la política exterior. Iohannis, miembro de la minoría alemana de Rumanía y ex alcalde de Sibiu, en Transilvania, nunca encontró su sitio en el palacio presidencial ni en la jungla política de Bucarest.

Se deslizó hacia un papel pasivo que fue aprovechado por las fuerzas nacionalistas y contrarias a las reformas. «En los dos últimos años, no he conocido a nadie que se haya acercado siquiera a defender el rumbo que sigue Johannis», resume Dominic Fritz, rumano de origen alemán, reelegido este año alcalde de la quinta ciudad más grande de Rumanía, Timisoara.

La pasividad de los gobiernos que se han sucedido en este país en asuntos internacionales y dos décadas de autoaislamiento por parte del presidente Iohanis han hecho del silencio de Rumanía un país irrelevante pese a su importancia estratégica.

Es el país que acoge la base estadounidense y de la OTAN más importante del sureste de Europa y es el país de la UE que tiene, con diferencia, más frontera compartida con Ucrania.

Es la nación, comparada con Polonia o con los países bálticos, que menos se ha involucrado y contribuido en el debate sobre cómo tratar a Rusia y ayudar a Kiev, aunque es el que más amenazas militares afronta. Los aviones no tripulados Shahed de Rusia exploran regularmente sobre territorio rumano. En 2023, el gobierno llegó a construir refugios antiaéreos para los residentes en el delta del Danubio.

Aunque los sondeos a pie de urna apuntan a una victoria del Partido Socialdemócrata (PSD), esta formación necesitará para gobernar más apoyos de los que le ha dado hasta ahora su socio en el poder, el Partido Nacional Liberal (PNL). Cuestión aparte es lo que el PSD y el PNL pueden todavía hacer por el país, el sexto en población de la UE y con los peores indicadores de desarrollo humano.

El PSD ha dominado el panorama político rumano durante 35 años, lo que le convierte en el único partido que ha sobrevivido al cambio de régimen en el antiguo bloque comunista. Pero no es el único que, a diferencia de lo que sugiere su nombre, tiene una orientación socialdemócrata, sino que suele adoptar posiciones populistas y nacionalistas de derechas mezcladas con una retórica social de izquierdas. Para muchos rumanos de las ciudades, el PSD es el epítome de la corrupción en el Estado poscomunista. En las regiones rurales del este y el sur, sin embargo, sigue siendo la fuerza política dominante.

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Valeria Talavera. – Asistente Web Digital

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