No poder usar las bases de Rota y Morón para la campaña de ataques aéreos contra Irán le supone a Estados Unidos el doble de distancia, unos 750 kilómetros más, para operaciones militares desde bases en el Reino Unido. No poder utilizar tampoco el espacio aéreo español tras la denegación del Gobierno, en los casos en que deba bordear la Península Ibérica, le añade de media 600 kilómetros de ida y 600 de vuelta al esfuerzo de su Fuerza Aérea.
El mayor gasto en tiempo y combustible eleva la factura de la guerra, y ese es uno de los efectos del bloqueo español a vuelos de combate norteamericanos contra Irán, un veto que no es determinante para el conflicto ni es el primero por parte de España
Las fuentes militares consultadas por este diario restan valor operativo a la medida para dárselo al efecto político y diplomático. Denegar el espacio aéreo del portaviones que para EEUU ha sido casi siempre España obliga a la US Air Force a replantearse sus tareas logísticas, especialmente los aprovisionamientos de combustible en vuelo, para sus cazas y aviones de transporte, y hacen más peliagudos los movimientos militares norteamericanos si la guerra entra, como parece, en una fase de combates terrestres con un nuevo recrudecimiento de bombardeos.
Guerra más onerosa
Los ataques se vuelven más caros en horas de vuelo y carga, pues se necesita más combustible para cubrir la distancia desde Europa al teatro de operaciones en Oriente Medio, pero “Estados Unidos conserva derecho a sobrevolar aguas internacionales. Como paso internacional se considera el Estrecho de Gibraltar -explica un alto oficial del Ejército del Aire-. Es un espacio bajo control aéreo español, pero no completamente bajo soberanía española”.
Hay otra excepción técnica a la denegación. La principal es el paso de los Global Hawk y los Lockheed U-2, aviones de reconocimiento a gran altitud, los principales espías de la fuerza aérea norteamericana. Su techo de vuelo, en ocasiones superior a 65.000 pies (19.000 metros) de altitud en el primer caso, que es un aparato no tripulado, y por encima de 70.000 pies en el segundo, que maneja un solo piloto, los hacen “atravesar espacios aéreos incontrolables en la práctica”, explica la fuente mencionada.
Ambas aeronaves intervienen en la obtención de inteligencia y determinación de objetivos en los bombardeos norteamericanos e israelís sobre Irán.
No han trascendido datos oficiales norteamericanos sobre cantidad de vuelos y número de aviones que ha supuesto el inicio de la guerra contra Irán. The Washington Post estimó en 150 aviones los movidos por el Pentágono a Europa y Oriente Medio desde mediados de febrero. No se cuentan en este caso los que van a bordo de portaviones, y sí se estiman en 40 los grandes aviones cisterna que cruzaron el océano Atlántico.
Sobre el alcance total de la denegación del espacio aéreo que ha trascendido este lunes -adelantada por El País y confirmada a este diario por Defensa- fuentes gubernamentales no abundan en detalles técnicos. En principio, según la versión de Defensa, son todos los vuelos implicados en operaciones militares contra Irán los que tienen su paso prohibido por España, pero no se ha dicho nada de los vuelos en ferry, o de reposicionamiento de aeronaves de la Fuerza Aérea de EEUU desde Norteamérica hacia Europa, y desde Europa hacia Oriente Medio, que se entienden no vetados, aunque esos traslados no estén desligados de la guerra contra Irán.
En un breve encuentro con periodistas este lunes en el Ministerio de Industria, la ministra de Defensa, Margarita Robles, ha incidido en el aspecto político de la denegación del espacio aéreo, y no en sus detalles técnicos.
“Todo el mundo sabe cuál es la posición española -ha dicho-: no vamos a autorizar la utilización de las bases de Morón y Rota para ningún acto relativo a la guerra de Irán, y desde el primer momento se le trasladó clarísimamente al ejército norteamericano. Y, por supuesto, tampoco se autoriza la utilización del espacio aéreo español para actuaciones que tengan que ver con la guerra en Irán”.
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