Victor Travezaño M(director de Cooperando)
“La narcopolítica mexicana no es un fenómeno aislado ni reciente. Es una estructura que se ha consolidado durante dos décadas…” “La desaparición es una herramienta de control social, reclutamiento forzado, eliminación de rivales y silenciamiento de comunidades.”
Durante las últimas dos décadas, América Latina ha visto cómo el crimen organizado dejó de ser un actor clandestino para convertirse en un poder paralelo capaz de disputar territorios, controlar economías y penetrar instituciones. La narcopolítica —la colusión entre redes criminales y autoridades públicas— se ha transformado en un sistema transnacional que atraviesa fronteras, ideologías y gobiernos. México, Venezuela y Bolivia son hoy los casos más visibles de este fenómeno.
México: desapariciones masivas y Estado perforado
México es el epicentro de la crisis,sin ambigüedades: “La narcopolítica mexicana no es un fenómeno aislado ni reciente. Es una estructura que se ha consolidado durante dos décadas…”
Desde 2006, la “guerra contra el narcotráfico” fragmentó a los cárteles, pero debilitó al Estado. La infiltración criminal se extendió a policías municipales, fiscalías, gobiernos locales e incluso mandos federales. La desaparición se convirtió en mecanismo de control territorial. El documento lo resume así:
“La desaparición es una herramienta de control social, reclutamiento forzado, eliminación de rivales y silenciamiento de comunidades.”
Hoy México registra más de 130.000 desaparecidos y 72.000 cuerpos sin identificar, cifras que revelan un colapso institucional. La narcopolítica mexicana no se explica sin su dimensión internacional: Estados Unidos como mercado y proveedor de armas, Colombia como origen de cocaína, China como fuente de precursores químicos, Centroamérica como corredor y Europa como destino y centro de lavado.
Gobiernos de izquierda y expansión del narcotráfico: coincidencia estructural e ideológica
El crecimiento del narcotráfico durante periodos de predominio de gobiernos de izquierda en América Latina responde a factores estructurales —crisis económicas, instituciones débiles, territorios sin presencia estatal—, pero también a elementos ideológicos presentes en sectores radicalizados. Los mercados globales de drogas continuaron expandiéndose sin relación con la política interna latinoamericana, pero sí en la cabeza y estrategia de muchos de sus dirigentes y grupos radicalizados.
En ciertos movimientos, la droga fue interpretada como herramienta política: un instrumento indirecto para debilitar a Estados Unidos, considerado el centro del capitalismo global. Esta visión, heredera de la Guerra Fría, moldeó estrategias de grupos insurgentes que veían el narcotráfico como parte de una guerra prolongada contra el “imperialismo norteamericano”.
Venezuela: militares, guerrillas y el Cartel de los Soles
En Venezuela, la narcopolítica se ha incrustado en estructuras militares y territoriales. El Cartel de los Soles, compuesto por generales de la Guardia Nacional Bolivariana, ha sido señalado por la DEA, la ONU y el Departamento de Justicia de EE.UU. como operador de rutas de cocaína hacia Norteamérica y Europa.
En 2020, Estados Unidos acusó a Nicolás Maduro de “narcoterrorismo”. Desertores del ejército han declarado que bases militares se usaban para almacenar y transportar cocaína proveniente de Colombia. Guerrillas como el ELN y las disidencias de las FARC operan dentro del país con tolerancia estatal, controlando minas, pistas clandestinas y corredores fronterizos. A cambio, ofrecen apoyo político y militar en zonas donde el Estado ha desaparecido.
Bolivia: coca excedentaria y redes brasileñas
Bolivia es uno de los mayores productores de hoja de coca del mundo. Aunque su uso tradicional es legal, organismos internacionales han señalado que gran parte de la producción excede el consumo permitido y alimenta redes criminales regionales.
Durante el gobierno de Evo Morales, líder cocalero, aumentó la producción excedentaria. Investigaciones vinculan zonas del Chapare con redes del Primer Comando Capital (PCC) y del Comando Vermelho, organizaciones criminales brasileñas. Exjefes policiales han sido detenidos por vínculos con narcotraficantes, y en 2022 el exministro Arturo Murillo fue condenado en EE.UU. por corrupción y lavado de dinero.
Aunque Morales no tiene condenas por narcotráfico, sí existen testimonios y señalamientos internacionales sobre tolerancia estatal hacia redes cocaleras.
Grupos armados: el engranaje político-criminal
En Venezuela y Bolivia, los grupos armados cumplen funciones que van más allá del narcotráfico: control territorial, protección de rutas, represión de opositores, administración de economías ilegales e influencia política en zonas rurales. En México, los cárteles operan como ejércitos privados capaces de imponer normas, cobrar impuestos y administrar justicia.
La droga como arma estratégica contra Estados Unidos
Durante más de medio siglo, sectores radicales de guerrillas latinoamericanas concibieron la droga como un instrumento de guerra asimétrica. Documentos internos de las FARC y el ELN muestran que existía la idea de que la cocaína “corroe al enemigo desde adentro”. La lógica era directa:
- Estados Unidos es el enemigo.
- La droga destruye al enemigo desde adentro.
- Por tanto, la droga es un arma estratégica.
Aunque hoy la mayoría de las organizaciones criminales operan por interés económico, la retórica antiimperialista persiste en sectores radicales y en estructuras estatales infiltradas por redes criminales.
El fentanilo ha añadido una dimensión geopolítica: producido con precursores chinos y distribuido por cárteles mexicanos, ha generado una crisis de salud pública en Estados Unidos. Algunos analistas lo interpretan como “guerra química no declarada”, aunque no existe evidencia de intención política directa.
Conclusión: un continente capturado
La narcopolítica en América Latina es un fenómeno que atraviesa ideologías, fronteras y gobiernos. En México, Venezuela y Bolivia, la combinación de instituciones débiles, grupos armados, militares involucrados, economías en crisis y mercados globales en expansión ha permitido que el narcotráfico se incruste en el corazón del Estado.
La pregunta ya no es si la narcopolítica existe, sino cómo desmantelar una estructura que ha logrado incrustarse en el corazón del Estado.