El Gobierno de Reino Unidos remarcó este viernes 4 de septiembre su postura al señalar que las Islas Malvinas–Falkland Islands para Londres– “son británicas” y que su compromiso con el territorio es “absoluto e inamovible”, tras el reclamo del presidente de Argentina, Javier Milei, quien anunció sanciones para las compañías que exploten los recursos naturales de las islas. Se reabre una vieja herida y un nuevo capítulo de tensión a los dos lados del Atlántico. ¿Por qué Buenos Aires vuelve a hacer en este momento el reclamo? ¿Qué puede pasar a partir de ahora? Lo desciframos.
La disputa que provocó una guerra en 1982 vuelve a adquirir una dimensión económica y estratégica.
En un discurso en horario estelar dirigido a la nación, el presidente de Argentina, Javier Milei, resucitó la antigua reivindicación de su país sobre las cercanas Islas Malvinas, bajo control británico, evocando así recuerdos del amargo conflicto que ambas naciones libraron hace 44 años.
El renovado reclamo de Buenos Aires llega en medio del desarrollo de hidrocarburos y tras las señales del mandatario estadounidense, Donald Trump sobre una posible revisión de la tradicional posición de Washington.
De hecho, en su discurso Milei celebró un aparente cambio de tono por parte de EE. UU. y prometió implementar medidas para bloquear los planes de perforación petrolera cerca del pequeño territorio británico de ultramar, próximo al territorio argentino.
Sin amenazar con una incursión militar, insistió en que los vientos de cambio están del lado del país latinoamericano.
¿Cuál es la historia de las Malvinas?
Con una población de aproximadamente 3.600 habitantes, es un territorio ubicado a unos 480 kilómetros al este de la costa sureste de Argentina y a aproximadamente 13.000 km del Reino Unido. Está formado por dos islas principales, Malvina Oriental y Malvina Occidental, y 778 islas menores.
Argentina reclama la soberanía sobre las islas —a las que llama Las Malvinas— argumentando que las heredó de España tras su independencia en 1816 y que Reino Unido tomó el control en 1833 mediante un acto colonial ilegal.
Pero Reino Unido señala que el primer desembarco registrado allí fue realizado en 1690 por el capitán naval inglés John Strong y que tomó posesión formal de las Islas Malvinas Occidentales en 1765. Agrega que, si bien Francia y España tuvieron asentamientos en diferentes momentos, los británicos reafirmaron el control en 1833 y las han administrado desde entonces.
Las Malvinas cuentan con su propia asamblea legislativa electa que gestiona los asuntos internos. La mayoría de los residentes son de ascendencia británica, aunque la población también incluye personas de Santa Elena, Chile y Filipinas.
El peor escenario posible en esta disputa es que vuelva a desembocar en una guerra. En 1982, la entonces dictadura militar argentina, dirigida por Leopoldo Galtieri, ordenó la invasión de las islas, convencido de que Reino Unido no respondería con la fuerza. Pero la entonces primera ministra británica, Margaret Thatcher, envió una fuerza naval a través del Atlántico y recuperó las islas tras 73 días de control argentino. La guerra dejó 649 soldados argentinos y 255 británicos muertos.
La humillación de aquella desafortunada invasión pronto condujo a la caída de la junta militar, que había invadido las Islas Malvinas en un intento desesperado por ganar popularidad.
El panorama actual es muy diferente. A principios de la década de 1980, las Islas Malvinas contaban con una presencia militar británica mínima. Ahora, existe una disuasión efectiva: más de 1.000 soldados, aviones de última generación y patrullas de la Marina Real en las cercanías.
¿Cuál es la situación actual de las islas?
Reino Unido sigue reclamando la soberanía sobre las Malvinas y mantiene una presencia militar allí, incluyendo una base aérea en Mount Pleasant.
Argentina, con el respaldo de China, continúa presionando para que se reconozca su soberanía a través de canales diplomáticos y organismos internacionales como las Naciones Unidas. Ambos países restablecieron relaciones diplomáticas tras la guerra, pero las conversaciones sobre soberanía siguen estancadas.
Otro de los argumentos de Londres es que su población decidió ser británica, en referencia al referendo de 2013, en el 99,8% de los votantes apoyó la permanencia bajo dominio británico, con una participación de aproximadamente el 92%. Reino Unido cita la votación como prueba de la voluntad de los isleños y afirma que no discutirá la soberanía sin su consentimiento.
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