La tasa Shein tiene que ver con el comercio, pero también con la competencia estratégica y con la capacidad de devolver con la misma moneda la presión que ejerce China sobre la UE.
No es raro tener gente alrededor que compra una camiseta en Temu, artículos de decoración en Shein o incluso perfumes u otros productos para el día a día. La realidad es que Bruselas quiere poner coto a este tipo de dinámicas y la conclusión puede ser que dejar de recurrir a estas páginas puede ser un paso adelante para la autonomía estratégica de la UE. De hecho, ya hay un arancel en vigor -desde este 1 de julio- que busca, entre otras cosas, eso: dejar de abrir el mercado tanto como hasta ahora a China. La ya conocida como tasa Shein sirve a la Unión para marcar territorio frente al gigante asiático.
La explicación es sencilla: este arancel se impondrá una vez por cada categoría de producto. Es decir, si alguien adquiere una camisa por 20 euros, se sumará un arancel de tres, el mismo que si se comprasen dos camisas, pero si compra la camisa y un perfume, el arancel será de 6, porque pertenecen a diferente categoría de producto y así sucesivamente.
El mensaje de la Comisión al respecto fue rotundo: «Treinta millones de europeos trabajan en el comercio minorista; es nuestro mayor empleador del sector privado. Y el aumento de las importaciones en línea de bajo valor ha puesto a nuestros minoristas en una desventaja injusta. Demasiados de estos productos tampoco cumplen con las normas de seguridad de la UE, poniendo en riesgo a los consumidores. El cambio de hoy se trata de restaurar la equidad para las empresas europeas y proteger mejor a nuestros consumidores», defendió en redes sociales la presidenta del Ejecutivo comunitario, Ursula von der Leyen.
Pero ¿qué supone este arancel? Juan Vázquez, profesor en la Universidad Camilo José Cela y doctorado en Economía, explica a 20minutos que este arancel no hay que analizarlo de manera aislada: «Estamos más en una época de globalización armada, del que el comercio se utiliza como arma y cada país se adapta un poco a este contexto en función más de su perspectiva, de sus valores, de su enfoque». Pero reconoce que tampoco la estrategia es nueva. «La Unión Europea, con respecto a China, ya empezó este tipo de política defensiva hace un par de años, con los aranceles a productos chinos de alto valor añadido, como por ejemplo los coches eléctricos. Es decir, era otro tipo de sector, otro tipo de producto, era otro tipo de industria y ahí el problema estaba sobre todo enfocado a que la industria china desplazaba a la europea».
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