La misión Proba-3, una prueba tecnológica con liderazgo español, logra captar la corona solar con un detalle sin precedentes
La misión Proba-3 de la Agencia Espacial Europea (ESA), una demostración tecnológica con liderazgo español, ha revelado este lunes sus primeras imágenes de la atmósfera exterior del Sol: la corona solar. Los dos satélites de la misión, capaces de volar juntos en formación como si fueran uno solo gracias a un refinado conjunto de tecnologías de posicionamiento a bordo, han logrado crear sus primeros ‘eclipse solares totales artificiales’ en órbita a 60.000 km de la Tierra.
Estos eclipses son similares a los naturales, con la ventaja de que pueden producirse una vez cada 19 horas y media en vez de una o dos veces al año y duran seis horas en vez de unos minutos. Esto permite a los científicos tener mucho más tiempo para estudiar el Sol, con imágenes más nítidas y detalladas que las que obtienen los coronógrafos de los telescopios tradicionales en tierra o en el espacio.
Lanzadas en diciembre desde la India, Coronagraph y Occulter, las dos naves del tamaño de una nevera grande y hasta 300 kilos de peso que forman la misión, lograron en marzo una hazaña jamás conseguida: volaron a 150 metros de distancia en perfecta formación durante varias horas sin ningún control desde tierra. Mientras estuvo alineada, la pareja mantuvo su posición relativa con una precisión de un milímetro gracias a un conjunto de innovadoras tecnologías de navegación y posicionamiento.
«El vuelo en formación de naves espaciales ya se había conseguido otras veces, pero nunca manteniendo una distancia tan grande entre ellas y con tanta precisión», afirma a ABC Diego Rodríguez, director de Ciencia y Espacio de Sener Aeroespacial, compañía responsable de la misión. «En la parte alta de cada órbita, que es muy elíptica, y sin recibir ningún comando, las dos naves se buscan la una a la otra para volar en formación», explica. A su juicio, un hito científico y tecnológico en la exploración espacial.
Las naves aprovechan ese tiempo en formación para crear el eclipse artificial. Se alinean con el Sol de manera que el disco de 1,4 metros de tamaño que porta el ocultador proyecte una sombra de 5 cm sobre el instrumento óptico del coronógrafo, lo que le permite estudiar la tenue corona solar.
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