El ministro Torres tomará el control desde la ciudad autónoma y se creará un órgano con papel para el presidente local y el CNI
La decisión se tomó durante el fin de semana. Durante casi un mes, el Gobierno ha recibido críticas durísimas por su gestión en la crisis de Ceuta, que está lejos de resolverse, aún con miles de inmigrantes deambulando por las calles de la ciudad y durmiendo al raso, hacinados. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, habló muchas veces, como lo había hecho durante todo el mes, con los ministros más afectados y su núcleo de máxima confianza.
Después de rechazarlo en múltiples ocasiones durante semanas porque, según su versión, no era necesario, se analizó en serio la posibilidad de nombrar un mando único y tomar el control de la crisis desde el Gobierno, apartando de alguna manera a la ciudad. El que más lo reclamaba era precisamente su presidente, Juan Jesús Vivas, desbordado y cada vez más enfrentado al Ejecutivo. A lo largo del fin de semana, Ángel Víctor Torres, ministro de Política Territorial y expresidente de Canarias, que conoce mucho a todos los líderes autonómicos y es el encargado siempre por Sánchez de hablar con ellos, volvió a consultar con Vivas si el mando único era importante.
El ceutí le dijo que para él la prioridad es que sean devueltos a Marruecos todos los inmigrantes, que se agilicen los retornos, pero sí, que insistía en el mando único. Y Sánchez finalmente decidió dejar de resistirse a esta posibilidad y dar así un giro estratégico a la gestión de una crisis que está desgastando al Ejecutivo y que tiene mucho coste porque supone un golpe en la línea de flotación de su política proinmigración.
A partir de ahí se analizó la parte técnica y legal: el Gobierno necesitaba convocar un Consejo de Seguridad Nacional, un órgano que se reúne con cierta frecuencia antes del Consejo de Ministros para distintos temas, para determinar ahí que la crisis de Ceuta se ha convertido en un asunto “de interés para la seguridad nacional” y de ahí colgar la decisión del mando único dirigido por Torres, que viajará este mismo martes a Ceuta para tomar el control de la situación, que contará con un comité amplio en el que estará Vivas, el delegado del Gobierno y los ministros implicados, pero también el CNI, que es quien más información tiene sobre los movimientos en Marruecos y que ha recibido críticas por no haber detectado una crisis de estas dimensiones con la entrada de 80.000 inmigrantes de golpe, tantos como la población de Ceuta.
Este comité contará con el apoyo del departamento de seguridad nacional de La Moncloa, en un mensaje claro de que la crisis cobra una nueva dimensión y el Ejecutivo admite implícitamente una gravedad superior a la que había asumido hasta ahora, cuando intentó sin éxito ofrecer sensación de normalidad mientras los problemas se acumulaban en Ceuta.
La elección de Torres, frente a otros ministros con más competencias directas en la gestión de la crisis como el de Interior, Fernando Grande-Marlaska, o la de Seguridad Social y Migraciones, Elma Saiz, tiene un sentido político porque el veterano dirigente ya ejerce como coordinador de la comisión interministerial sobre migración y estuvo al frente de otras crisis como la de Canarias, pero también coordinó los trabajos posteriores a la dana de Valencia, por ejemplo.
De hecho, Torres ya había sido designado hace semanas como coordinador interministerial para Ceuta, pero esto es diferente. Ese era un cargo interno, dentro del Gobierno. Este supone entrar en las competencias de Ceuta, tomar el control de la ciudad y las decisiones, aunque siempre de forma coordinada con Vivas, porque esta decisión no se ha tomado contra el Gobierno ceutí, sino al contrario, porque es quien más lo ha pedido. La decisión también le da una baza al PP, que venía reclamándolo sin éxito desde el principio. El líder de este partido, Alberto Núñez Feijóo, se burló en redes de que le dieran la razón: “A buenas horas”, escribió.
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