Suecia ha cerrado un pacto con Estonia para que el país báltico acoja a 300 de sus presos a cambio de un pago anual de 30,6 millones de euros. Además, podrán enviar otros 300 presos más por un precio de 8.500 euros más por cada reo.
Ambos países aseguran que salen ganando. Suecia admite que le sale más barato enviar presos al extranjero que alojarlos en sus cárceles (que le cuesta más de 11.000 euros), y Estonia lo ve como una forma de mantener su infraestructura penitenciaria, generar ingresos y fuentes de empleo.
Pero para los expertos va más allá de la oferta y la demanda. Algunos académicos creen que este pacto puede llevar a tratar a los presos como si fueran productos que van de un almacén a otro, sin tener en cuenta su bienestar y asumiendo sobre ellos un castigo extra.
- Los reclusos pueden ser suecos o extranjeros y, aunque el pacto contempla visitas familiares, una de las incógnitas es si los familiares tendrán los medios para desplazarse hasta Estonia.
- Además, se aleja del principio básico de la rehabilitación, ya que arrancar a los presos del contexto que conocen disminuye sus posibilidades de reinsertarse en la sociedad.
No es la primera vez que ocurre en Europa. En 2010, Bélgica pactó el envío de 500 presos a Países Bajos por un precio similar que acabó aumentando al incluir más presos de los que se contemplaron en inicio.
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