El merengue como latido poético: la visión estética de Xiomara Domínguez

Víctor Travezaño M (director de Cooperando).

La poesía dominicana contemporánea ha encontrado en Xiomara Domínguez una voz que enlaza con naturalidad la palabra escrita y la memoria rítmica del pueblo. Poeta, ensayista y gestora cultural, Domínguez se sitúa en un territorio donde la literatura no se concibe como un ejercicio aislado, sino como un diálogo permanente con las expresiones vivas de la identidad nacional. Entre esas expresiones, el merengue ocupa un lugar privilegiado: no solo como género musical, sino como símbolo, como pulso y como forma de comprender el mundo. Su visión poética sobre la base del merengue revela una sensibilidad que reconoce en este ritmo la arquitectura emocional de la dominicanidad.

I. El merengue como territorio simbólico

Para Domínguez, el merengue no es un simple acompañamiento festivo; es un espacio cultural total, un territorio donde convergen la historia, la memoria y la identidad colectiva. En su mirada, el merengue funciona como un archivo vivo que guarda las huellas de la cotidianidad dominicana: los barrios, las migraciones, las celebraciones, las nostalgias. La poeta entiende que este ritmo ha modelado la sensibilidad del país y que, por tanto, su presencia en la poesía no es una concesión a lo popular, sino un reconocimiento de su profundidad simbólica.

El merengue, en su visión, es un lenguaje que antecede a la palabra escrita. Es un modo de estar en el mundo, una forma de sentir y de narrar. Por eso, su poesía no se limita a mencionarlo: lo incorpora como estructura, como respiración, como latido.

II. Ritmo y palabra: la cadencia merenguera en la poesía

Una de las aportaciones más significativas de Domínguez es la manera en que traslada la cadencia del merengue al cuerpo del poema. Su escritura se mueve con una musicalidad que recuerda el vaivén del baile, la repetición del estribillo, la energía circular del ritmo. Los versos breves, las imágenes que se encadenan con fluidez y la presencia de un tono celebratorio incluso en los temas íntimos revelan una poética que baila mientras escribe.

Esta integración del ritmo no es un artificio formal, sino una declaración estética: la poesía puede y debe dialogar con las expresiones populares sin perder profundidad. En Domínguez, el merengue se convierte en una forma de organizar el pensamiento poético, de darle movimiento a la imagen y vitalidad al lenguaje.

III. Memoria colectiva y resistencia festiva

El merengue, como lo concibe Domínguez, es también un acto de resistencia. En él se condensa la capacidad del pueblo dominicano para transformar la adversidad en celebración, la nostalgia en movimiento, la historia en danza. Su poesía reconoce en el merengue una memoria afectiva que atraviesa generaciones y que funciona como un puente entre lo íntimo y lo colectivo.

La fiesta, en este contexto, no es frivolidad: es un gesto de afirmación cultural. Domínguez entiende que el merengue ha sido un refugio emocional y un espacio de encuentro, y su poesía recoge esa dimensión comunitaria, esa fuerza que convierte el ritmo en un modo de sobrevivir y de recordar.

IV. La mujer en el merengue: una relectura desde la poesía

Otro aspecto relevante de su visión es la perspectiva femenina que aporta al imaginario merenguero. Tradicionalmente, la mujer ha sido representada en el merengue como musa, objeto de deseo o figura decorativa del baile. Domínguez subvierte esa mirada y propone una lectura donde la mujer es sujeto del ritmo, creadora de sentido, portadora de voz.

Su poesía reivindica el cuerpo femenino como territorio de expresión y no de objetualización. En su visión, la mujer no solo baila el merengue: lo interpreta, lo reescribe, lo resignifica. Esta postura introduce una dimensión crítica que enriquece la relación entre poesía y música, y que amplía el horizonte simbólico del merengue dentro de la literatura dominicana.

V. Entre lo popular y lo literario: un puente estético

La obra de Xiomara Domínguez se inscribe en una tradición que derriba las fronteras entre lo culto y lo popular. Su visión poética del merengue demuestra que la literatura puede dialogar con la música sin perder rigor, y que lo popular puede convertirse en materia estética de alto vuelo. En su escritura, el merengue no es un adorno ni un guiño folclórico: es un principio estructurador, un eje que articula la sensibilidad poética con la identidad cultural.

Domínguez encarna así una poética híbrida, donde la palabra se deja atravesar por el ritmo y donde el ritmo se vuelve pensamiento. Su obra confirma que el merengue es más que música: es una forma de comprender la vida dominicana y de traducirla en imágenes, metáforas y silencios.

Conclusión

La visión poética de Xiomara Domínguez sobre la base del merengue revela una estética profundamente arraigada en la identidad dominicana. Su poesía late con la cadencia del ritmo nacional, pero también lo interroga, lo expande y lo resignifica. En su obra, el merengue se convierte en un puente entre la memoria y el presente, entre lo íntimo y lo colectivo, entre la mujer y la nación.

Domínguez demuestra que la poesía puede bailar sin perder profundidad, y que el merengue puede pensarse sin perder alegría. Su propuesta estética confirma que, en la República Dominicana, la palabra y el ritmo no son mundos separados, sino dos formas complementarias de decir quiénes somos.

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