TENSIÓN ENTRE ESPAÑA E ISRAEL

La tensión diplomática entre España e Israel ha aumentado notablemente en los últimos meses. El detonante principal ha sido la postura del presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, respecto al conflicto en Gaza. Durante una visita a Oriente Medio, Sánchez expresó que la respuesta militar de Israel debía respetar el derecho internacional y proteger a los civiles palestinos. Incluso abrió la puerta a un posible reconocimiento unilateral del Estado palestino por parte de España.

Más recientemente, en una cumbre en Bruselas, Sánchez calificó la situación en Gaza como un “genocidio” y pidió suspender el acuerdo de asociación entre la Unión Europea e Israel. Esto provocó una dura reacción del gobierno israelí, que acusó a España de estar “en el lado equivocado de la historia” y de adoptar una postura “moralmente indefendible”.

Además, las relaciones se han deteriorado por otros episodios, como la celebración en Madrid de actos considerados ofensivos por Israel y la decisión de España de sumarse a la causa por genocidio contra Israel en la Corte Internacional de Justicia

La escalada de estas tensiones entre ambas naciones se ha expresado en los siguientes hechos:

Octubre 2023: El detonante. El ataque de Hamás a Israel el 7 de octubre de 2023 dejó más de 1.200 muertos israelíes. España condenó el atentado, pero pronto comenzó a criticar la respuesta militar israelí en Gaza, que ha causado más de 42.000 muertes palestinas.

 Noviembre–diciembre 2023: Primeras fricciones. Pedro Sánchez expresó dudas sobre si Israel respetaba el derecho internacional humanitario. Israel llamó a consultas a su embajadora en Madrid como protesta.

 2024: Escalada diplomática. España reconoció oficialmente al Estado palestino en mayo de 2024, lo que Israel calificó como “una recompensa a los asesinos de Hamás”. Se permitió en Madrid un acto que conmemoraba la matanza del 7-O, lo que indignó al gobierno israelí. España se sumó a la demanda por genocidio contra Israel en la Corte Internacional de Justicia.

 2025: Ruptura casi total. En abril, España canceló un contrato de 280 millones de euros para comprar misiles israelíes SPIKE LR2.Se vetó la entrada de cargueros israelíes con armamento en puertos españoles.En junio, Sánchez pidió en la UE suspender el acuerdo de asociación con Israel y calificó la situación en Gaza como “genocidio”.Israel respondió acusando a España de iniciar una “cruzada antisraelí” y de adoptar una postura “moralmente indefendible”.

Este deterioro ha tenido también efectos económicos: la guerra en Oriente Medio ha encarecido materias primas como el trigo, afectando directamente a la cesta de la compra en España.

Pero haya también un claro trasfondo ideológico en la tensión entre Pedro Sánchez y Benjamín Netanyahu, más allá de los hechos puntuales del conflicto en Gaza.

Pedro Sánchez representa una visión progresista y multilateralista. Defiende el derecho internacional, los derechos humanos y la solución de dos Estados como vía para resolver el conflicto palestino-israelí. Ha buscado apoyo en países árabes y ha impulsado el reconocimiento del Estado palestino como un acto de justicia histórica. Benjamín Netanyahu, por su parte, lidera un gobierno de derecha nacionalista en Israel, con una visión más securitaria y unilateral. Considera que la guerra contra Hamás es parte de una lucha civilizatoria contra el islamismo radical y ha acusado a Sánchez de relativismo moral por no condenar con suficiente contundencia a Hamás.

 Choque de visiones Sánchez ha insistido en que “la respuesta de Israel debe respetar el derecho internacional humanitario” y ha calificado la situación en Gaza como un “genocidio”. Netanyahu, en cambio, ha defendido que “si Israel cae, el islamismo irá a por Europa” y ha criticado a Sánchez por no apoyar con firmeza la lucha contra Hamás. Este choque no es solo diplomático, sino también simbólico: representa dos formas de entender el orden internacional, la seguridad y los derechos humanos.

Cabe señalar en el otro ángulo de la política internacional que Pedro Sánchez ha mantenido una postura firme y coherente en apoyo a Ucrania desde el inicio de la invasión rusa en febrero de 2022. Su conducta hacia Vladímir Putin ha sido de condena constante, tanto en el plano diplomático como en el simbólico: Apoyo incondicional a Ucrania Sánchez ha reiterado que España apoyará a Ucrania “el tiempo que sea necesario” para lograr una paz justa y duradera. Ha defendido la soberanía e integridad territorial de Ucrania, rechazando cualquier solución que implique validar la anexión de territorios por parte de Rusia. Condena a Putin Ha calificado los ataques rusos como actos de “crueldad” y ha responsabilizado directamente a Putin por la muerte de civiles, como en el caso del bombardeo en Sumi.En redes sociales y foros internacionales, ha denunciado que “Putin ha vuelto a matar civiles inocentes”, subrayando la necesidad de mantener la presión internacional.  Rechazo a negociaciones sin Ucrania Sánchez se opuso públicamente a las negociaciones bilaterales entre Trump y Putin que excluían a Zelenskyy, calificándolas de “injustas” y advirtiendo que una paz sin Ucrania no sería legítima. En el marco europeo: Ha sido activo en cumbres internacionales, como la celebrada en Suiza, donde defendió que los principios del derecho internacional no son negociables y deben aplicarse en todos los conflictos. España ha respaldado la creación de un tribunal especial para juzgar el crimen de agresión en Ucrania, impulsado por el Consejo de Europa. En resumen, la conducta de Sánchez ha sido de alineamiento total con la postura europea y de la OTAN, con un enfoque en la legalidad internacional y la defensa de los derechos humanos

La tensión entre España e Israel ha tenido un impacto notable tanto en la política interna como en la escena internacional.

 En la política interna española

Polarización partidista: La postura firme del Gobierno de Pedro Sánchez ha sido respaldada por partidos de izquierda como Sumar y Podemos, que exigen medidas aún más contundentes contra Israel. En cambio, partidos de derecha como el PP y Vox han acusado al Ejecutivo de romper el equilibrio diplomático y de dañar la imagen internacional de España.

Presión social y movilización ciudadana: La sociedad civil ha jugado un papel activo. Ha habido manifestaciones masivas en apoyo al pueblo palestino, así como campañas de boicot a productos israelíes. Esto ha reforzado la narrativa del Gobierno, pero también ha generado tensiones con sectores empresariales y diplomáticos.

Impacto económico y empresarial: La cancelación de contratos militares con empresas israelíes y el veto a cargueros con armamento ha generado preocupación en el sector defensa y en empresas como Indra, aunque el Gobierno ha defendido que existen proveedores alternativos.

 En la política internacional

Liderazgo en la UE: España se ha posicionado como una de las voces más críticas dentro de la Unión Europea respecto a la actuación de Israel en Gaza. Ha liderado iniciativas para suspender el Acuerdo de Asociación UE-Israel, imponer unembargo de armas y sancionar a individuos israelíes implicados en violaciones de derechos humanos.

Aislamiento parcial: Esta postura ha generado fricciones con países tradicionalmente aliados de Israel, como Alemania o Austria, que consideran que España está adoptando una posición “extrema” y “moralmente indefendible”.

Alianzas alternativas: España ha reforzado sus lazos con países como Irlanda, Noruega y Bélgica, que comparten su visión crítica sobre Israel. También ha ganado protagonismo en foros como la Liga Árabe y la ONU, donde ha impulsado resoluciones en defensa de Palestina.

Respuesta israelí: Israel ha acusado a España de “demonizar” al Estado hebreo y de estar en el “lado equivocado de la historia”. Ha retirado a su embajadora en Madrid y ha emitido comunicados muy duros contra el Gobierno español.

En resumen, esta crisis ha redefinido el papel de España en el tablero internacional: de actor moderado a impulsor de una diplomacia más ética y confrontativa.

El desenlace de la tensión entre España e Israel dependerá de múltiples factores, pero se pueden esbozar varios escenarios posibles según la evolución diplomática, política y geopolítica actual:

Desescalada diplomática progresiva

Posibilidad: Moderada.

Cómo ocurriría: A través de mediación de terceros (como Francia o la UE), con gestos simbólicos de distensión, como el regreso de embajadores o la reactivación de canales diplomáticos.

Condiciones: Un alto el fuego duradero en Gaza, cambios en el liderazgo político o una reconfiguración de prioridades internacionales.

 2. Estancamiento prolongado

Posibilidad: Alta.

Cómo ocurriría: Ambas partes mantienen posturas firmes sin romper relaciones formales, pero con un enfriamiento total de la cooperación bilateral.

Consecuencias: Aislamiento mutuo, pérdida de influencia en foros multilaterales y afectación a sectores como defensa, tecnología o comercio.

 3. Ruptura diplomática total

Posibilidad: Baja, pero no descartable.

Cómo ocurriría: Si España impulsa sanciones más duras o si Israel toma represalias más agresivas, como declarar persona non grata a diplomáticos españoles o cerrar su embajada.

Consecuencias: Impacto económico, aislamiento internacional parcial y polarización política interna.

 4. Redefinición del papel de España en la política internacional

Posibilidad: Alta.

Cómo ocurriría: España consolida su liderazgo en una corriente diplomática europea más crítica con Israel, junto a países como Irlanda, Noruega o Bélgica.

Resultado: Mayor protagonismo en foros como la ONU, pero también tensiones con aliados tradicionales como Alemania o EE. UU.

En definitiva, el desenlace dependerá de si el conflicto en Gaza se estabiliza, de los cambios en el equilibrio político global y de si ambos gobiernos priorizan la diplomacia o el enfrentamiento simbólico.

Víctor Alejandro Travezaño M

Director de Cooperando

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